No tengo idea de qué escribir en un blog. Estaba pensando en si las ideas se encontraban o se creaban. Sin concluir mucho, me dispuse a encontrarla en algo que me pasó…
Hace unos momentos entré al baño y noté una araña en la parte de arriba de la puerta. No hizo nada, me le quedé viendo. Y de pronto, aún con la mirada fija, me noté como ese niño asombrado, la boca abierta, la mirada fija, sin un movimiento muscular. No había presión para ser o no ser, simplemente estaba. Me dolió pensar que algún día estuve así y que llevaba tantos años sin dejarme ser esa criatura inmóvil, sin nada que hacer o decir.
Podría decir que hay miles de cosas que explicar, pensar, reflexionar, pero no. NO HABÍA NADA. ¿Por qué toda la vida se tiene que tratar de algo? Creo que ahí se pierde la magia, el asombro, la curiosidad… parece que ya hay respuestas cuando simplemente podemos estar sin juzgar, un estado casi paradisiaco al de Adán y Eva antes de comer aquel fruto… ¿En qué momento caímos? ¿Al comienzo de la humanidad o en nuestra propia historia personal?
En algún momento comimos aquel fruto que nos separa de aquella criatura que simplemente es sin cuestionarse qué es y si está «bien» o «mal», tanto que hasta ese estado lo detestamos, nos incomoda, preferimos describirnos como «algo» antes que como «nada». En este punto, las ilusiones crecen, el miedo y el asco nos invade, le llamamos ansiedad, incomodidad, cringe… Y de pronto, aquel momento donde era una criatura viendo a una araña, desaparece y se vuelve un pensamiento más que terminaré juzgando de bueno o malo.
Si alguien me está leyendo, ¿qué opinas? Quizá solo yo del futuro me estoy leyendo, ¿tú qué opinas?
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